miércoles, 6 de junio de 2018

¿Teme Kim Jong-un un golpe de estado?

Foto: El presidente norcoreano Kim Jong-un rodeado de oficiales y miembros de la Fuerza Estratégica del Ejército Popular de Corea, en agosto de 2017. (Reuters)

Tradicionalmente, numerosos golpes de estado han tenido lugar mientras los líderes derrocados se encontraban ausentes del país. Por eso, a medida que el norcoreano Kim Jong-un se prepara para realizar su segundo viaje oficial al extranjero desde que asumió el poder -para reunirse con el presidente estadounidense Donald Trump en Singapur, dentro de ocho días-, suena verosímil la noticia publicada esta madrugada por la agencia surcoreana Yonhap: el cese fulminante de tres altos cargos del ejército de Corea del Norte, sin que hayan trascendido las razones. Según Yonhap, los tres militares cesados son el jefe de la defensa Pak Yong-sik; el jefe del estado mayor del ejército, Ri Myong-su; y el director del buró político de las fuerzas armadas, Kim Jong-gak. La purga ha sido confirmada por un oficial de inteligencia estadounidense a la agencia Reuters, aunque no ha aportado nombres. Se trata, además, del tercer cribado de la cúpula militar del país en poco más de medio año. Según algunos analistas, el cese es hasta cierto punto un reemplazo generacional por oficiales más jóvenes. 

El nuevo jefe del estado mayor, Ri Yong Gil, por ejemplo, tiene 63 años, en sustitución del octogenario Ri Myong-su. Y la mayoría de los expertos identifican a los recién nombrados -No Kwang-chol, hasta ahora viceministro de Defensa, en el cargo de Pak (68 años), y el general Kim Su-gil en lugar de Kim Jong-gak (77años)- como leales al líder norcoreano. Un movimiento que, al parecer, Kim Jong-un ha considerado necesario para salvaguardar su liderazgo durante su ausencia. Según Kim Yong Hyun, profesor de estudios norcoreanos de la universidad Dongguk de Seúl, los nuevos nombramientos aportan experiencia en la gestión de asuntos económicos por parte de los militares en lugar de estrategias de combate, lo que podría señalar “la búsqueda [por parte de Kim] de una nueva política para convertirse en un país en desarrollo sin armas nucleares en lugar de un país pobre sin armas nucleares”, una medida que desagrada a algunos altos cargos del régimen norcoreano. Kim “ha elegido el camino de buscar la desnuclearización y un tratado de paz a través del diálogo, y está nombrando una nueva generación de líderes militares para marcar el tono de su visión”, ha declarado este experto al diario Washington Post. 

“Kim Jong-un ha elegido un nuevo liderazgo que refleja su nuevo enfoque y puede propagar sus nuevas políticas de forma más natural, para traer estabilidad en el seno del ejército”, indica. En el mismo sentido se expresa Mintaro Oba, un ex diplomático estadounidense especializado en la política hacia Corea. Oba considera que la cumbre de Singapur “ha creado tal riesgo para el poder interno de Kim que ha sentido que tenía que protegerse moviendo a gente aquí y allá”. “Merece la pena considerar si esta ronda de cumbres diplomáticas le ha dado a Kim la oportunidad de poner a un grupo de gente más favorable en la cúpula”, dice al diario The Guardian. ¿Teme Kim un golpe de estado? La idea no es descabellada: Corea del Norte ha sido escenario de al menos tres intentonas golpistas desde 1992. Las fuerzas armadas son el principal pilar del país, regido por la llamada doctrina del 'Songun' ('El ejército primero'. Con unos efectivos de aproximadamente 1,2 millones de soldados en servicio activo, está considerado el cuarto mayor ejército del mundo, beneficiario de entre un cuarto y un tercio del presupuesto estatal, dependiendo de las fuentes. 

Malestar en las fuerzas armadas 
Sin embargo, el deficiente estado de la economía ha hecho que incluso los militares se vean presa del descontento, y la cifra de deserciones en el seno de las fuerzas armadas parece haberse incrementado en los últimos dos años. 

Como respuesta, el régimen ha endurecido las penas para los familiares de los desertores: durante los primeros ocho meses de 2016, las autoridades norcoreanas ejecutaron públicamente a 60 personas -más del doble de la media anual de ejecuciones desde la llegada de Kim al poder en 2011-, en su mayoría familiares de desertores y miembros de las redes de huida a otros países. En ese sentido, el ejército es también la principal amenaza para el líder norcoreano. Por ello, no es de extrañar que Kim Jong-un lo someta regularmente a purgas: según los servicios de inteligencia surcoreanos, más de un centenar de oficiales fueron apartados de sus cargos y ejecutados entre 2011 y 2015. En esta ocasión, el cese de Pak Yong-sik es especialmente significativo, puesto que se trata de la quinta vez que Kim Jong-un ha cambiado al ministro de defensa desde su llegada al poder (el antecesor de Pak, Hyong Yong Chol, fue ejecutado en 2014). En comparación, su padre, Kim Jong-il, solo cambió al titular de este cargo en tres ocasiones a lo largo de 17 años. Esta movilidad apunta al nerviosismo de Kim Jong-un acerca de la lealtad de su cúpula militar. 

A finales de 2012, de hecho, se reportaron enfrentamientos a tiros en las calles de Pyongyang entre diversas facciones del ejército, y en marzo de 2013 la seguridad personal de Kim fue reforzada significativamente, con vehículos armados custodiando su residencia personal y todas las señales de telefonía bloqueadas en los eventos a los que el presidente asistía. En diciembre de ese mismo año se produjo la que ha sido, tal vez, la purga de mayor relevancia de los últimos años: la ejecución de Jang Song-thaek, el tío y hasta entonces mentor de Kim Jong-un, calificado oficialmente de traidor. Jang era un hombre muy cercano a Pekín, y aparentemente Kim temía que, ante el deterioro de su relación con China, los líderes chinos estuviesen planeando utilizarle como punta de lanza de un golpe de estado en su contra (esta, de hecho, podría ser también la razón por la que Kim ordenó el asesinato de su medio hermano Kim Jong-nam en Malasia, que hasta entonces vivía bajo la vigilancia de los servicios de inteligencia chinos en Macao). Pero aún más revelador es el hecho de que la de ahora es la tercera criba de las fuerzas armadas en poco más de seis meses. 

A finales del pasado noviembre, varios altos cargos del Politburó General del Ejército fueron castigados por “comportamiento impuro”. Y en febrero, Corea del Sur advirtió de que diversos altos comandantes del ejército llevaban un tiempo sin ser vistos, y sus analistas concluyeron que estas purgas podrían ser contraproducentes para Kim, al acentuar la resistencia a su liderazgo entre los militares. “Dado que ha cambiado las prioridades del partido, Kim tiene miedo de un golpe instigado por el ejército, así que está haciendo todo lo posible en su mano para ejercer el control sobre sus líderes y asegurarse de que no tienen la fuerza suficiente para desafiar su autoridad”, declaró entonces Toshimitsu Shigemura, profesor de la Universidad Waseda de Tokio y uno de los principales expertos del mundo en la familia gobernante en Corea del Norte. La purga de hoy puede no ser sino la consecuencia directa del malestar generado entonces. Kim sabe que su poder está lejos de estar asegurado. (Jesús.R.G.)


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