jueves, 13 de abril de 2017

Portaaviones para la tercera década del siglo XXI.


Cuestionar el papel e incluso la utilidad de los portaaviones no es algo novedoso. Por el contrario, es un debate que viene de atrás y ya en el periodo de entreguerras, en el seno del propio Almirantazgo Británico se dudaba de la capacidad de un avión embarcado para hundir un acorazado, dudas que quedaron completamente despejadas en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial.

En las últimas semanas los portaaviones han sido nuevamente noticia en diversos medios tanto clásicos como digitales. Si el debate, de unos años a esta parte -debate recurrente, por otra parte, que se viene dando desde que la Unión Soviética desplegara SSGNs- era la posible inutilidad de este tipo de navíos y su vulnerabilidad ante las armas antibuque modernas y las plataformas en las que se basan, lo cierto es que en círculos más especializados las dudas son otras. Ya no se debate tanto su utilidad -innegable a tenor de su participación en los últimos conflictos- como si el número de portaaviones en servicio en cada armada es el adecuado -o no- para hacer frente a los nuevos retos. Vamos pues con un pequeño repaso a la situación de los portaaviones en las principales potencias navales y a sus planes de futuro.

Estados Unidos
Como indica la web “Va de Barcos” en este hilo, refiriéndose en exclusiva al caso de los Estados Unidos “Los tres estudios [dados a conocer la semana pasada] coinciden en la necesidad de dotar a la flota de los Estados Unidos de más portaaviones.” No obstante, hay formas y formas de hacerse con más portaaviones y posiblemente la opción más equilibrada sea la que propone el CBSA (Center for Strategic and Budgetary Analysis) y que se basa en la construcción de un nuevo diseño de portaaviones ligeros a medio camino entre los actuales Nimitz y los America.
 

.USS America (LHA-6) retornando a los astilleros de Huntington Ingalls en Pascagoula, Mississippi

No es ninguna genialidad, ni tampoco una idea novedosa, pues las figuras tanto del portaaviones ligero como del portaaviones de escolta han existido desde hace largo tiempo -cabe aquí hablar de nuestro añorado R-11 Príncipe de Asturias, basado en el proyecto SCS de la US Navy, desarrollado de forma preliminar por la oficina de diseño estadounidense Gibbs- pese a quedar en desuso en las últimas décadas. Sin embargo, sería una forma más que interesante de complementar las capacidades de la US Navy si se opta por construir algún ejemplar de los primeros. Estas ventajas serían al menos las siguientes:
  • Los portaaviones ligeros podrían acometer misiones que ahora ocupan a los Nimitz como los bombardeos en Siria o, en su día, sobre Libia y que son tareas que no requieren de semejantes buques, dado que no hay una amenaza que justifique el envío de estos con el sobrecoste que ello supone. De este modo, los Nimitz y los futuros Gerald R. Ford podrían desplegarse allí en donde mayor falta hacen,principalmente el Pacífico, pues a nadie se le escapa que la US Navy tiene la vista fijada en China.
  • Permitiendo una especialización entre buques, al hacer posible que los cazabombarderos actúen desde estos dejando así espacio libre en las cubiertas y hangares de los supercarriers para que puedan operar multiplicadores de fuerza, cada vez más importantes en el campo de batalla aeronaval, como los E-2C Hawkeye y los futuros E-2D Advanced Hawkeye o los EA-18G Growler, entre otros. Esto, en el caso de operar en conjunción con los supercarrior, pues otra de las opciones que se plantean, esta vez de la mano del think tank CSBA es la de que puedan permitir a los grupos de asalto anfibio contar con el apoyo de aparatos de ala fija como los E-2C y los EA-18G que, como hemos señalado, son elementos claves en los escenarios actuales y futuros.
  • Acaparando tareas de exploración naval u ocupando espacios secundarios del teatro de operaciones, pues resulta evidente que arriesgar para ciertas tareas un supercarrier con todo su grupo de combate ofrece muy pocas recompensas en términos de coste/beneficio. En este sentido, destacar portaaviones ligeros con una escolta reducida podría ayudar a cubrir una superficie de oceáno mucho mayor sin exponer los Nimitz, algo importante si en el futuro se llega a combatir en zonas de archipiélagos, como ocurriera en la Segunda Guerra Mundial. Eso sí, con un riesgo considerablemente mayor de hundimiento que si el despliegue se hace como parte de una gran fuerza de tareas.
  • Aumentaría notablemente el número de municiones disponibles en el teatro de operaciones pues -volviendo a una posible confrontación con China- si como parece la estrategia contra EEUU pasa por expulsarle de la primera línea de bases utilizando para ello todo el potencial de su Fuerza de Misiles, Estados Unidos va a necesitar otra forma de disponer de la ingente cantidad de municiones -y suministros de todo tipo- que serán necesarios para librar este tipo de guerra sin esas bases.
En cualquier caso,  tanto el reciente aumento en el gasto de defensa anunciado por Donald Trump, del orden de 59.000 millones de dólares -sólo es el 0,3% del PIB, así que parece más la búsqueda del cumplimiento de una promesa electoral que una decisión firme de militarizar el país- como las informaciones que hablan de aumentar la US Navy hasta los 330 buques, parecen confirmar que el número de portaaviones crecerá. Es pronto para saber en qué forma, pues el debate interno continúa. De hecho, sólo hace unos días que el propio Donald Trump ha asegurado que la US Navy pasará de 11 a 12 CVN en un futuro próximo, sin que dicho anuncio en ningún caso elimine ninguna de las posibilidades que hemos barajado, pues es algo que se venía gestando desde hace ya tiempo.
 

CVN USS Gerald R. Ford.

El anuncio se ha hecho no sin controversia, incluso dentro de las propias filas republicanas. Entre los pseudoexpertos de todo tipo, hay muchísimas personas que siguen afirmando que los portaaviones son un recurso del pasado, incapaces de adaptarse a amenazas como los nuevos misiles antibuque tipo P-800 Onyks, 3M-54 Klub o BrahMos, por citar solo algunos ejemplos. 

Esto, que es algo que se viene diciendo desde los años 70, si no antes, y que nunca se ha demostrado cierto, pues precisamente, disponer de grandes capacidades aeronavales y, en general, de una estrategia de dominación efectiva del medio marino, siempre se ha demostrado como una garantía frente a las doctrinas navales basadas en la negación del espacio marítimo. Aun en el caso, improbable, de que un CVN fuese alcanzado, es muy complicado que esto supusiese su hundimiento. No obstante, para asegurarnos, hemos preguntado a Alejandro A. Vilches Alarcón, ingeniero naval y autor, entre otros títulos de “Los SSBN de la URSS” acerca de esta probabilidad y su respuesta ha sido clara: Existe una tendencia general a menospreciar el valor de las unidades de la US Navy y a la par, a sobreestimar a la industria misilistica de la Federación Rusa -o China-. Ambas tienen sus pro y sus contras, pero lo que es cierto y no se puede negar es que los Grupos de Portaaviones de la US Navy llevan décadas navegando por todo el globo sin haber sufrido jamás un percance de extrema gravedad. 

Los misiles soviéticos por el contrario nunca han sido probados en acción de combate contra un Grupo de Combate y si ya de por si se antoja difícil que puedan penetrar su cobertura aérea y de defensa electrónica, en caso de lograr impactar a un CVN es más que discutible que fueran capaces de hundirlo. La batería de un SSGN ruso Oscar II (Proyecto 949A Antey) se compone de 24 misiles P-700. Las estimaciones soviéticas, anticuadas, hablaban de un 50% de capacidad de penetración y de ese porcentaje solo la mitad de ellos lograrían alcanzar al CVN. Hablamos de 6 impactos o de una cantidad próxima a dicha cifra. La tecnología en ambos casos ha avanzado mucho, y aunque efectivamente es más que creible que perdiera su capacidad de operar unidades aéreas, los CVN siguen siendo los buques más resistentes estructuralmente del mundo, junto con los BCGN Kirov (Proyecto 1144 Orlan) que, de hecho, tienen un fuerte blindaje a lo largo de su cintura. Los daños sufridos por los CV durante la II Guerra Mundial quedan muy lejanos en el tiempo, y los más recientes, que son accidentes en la mar nos pueden dar una idea de la capacidad de daños que son capaces de aguantar. 

Lo más proximo que podemos utilizar para hacernos a la idea de la resistencia de uno de estos navíos ocurrió el 22 de noviembre de 1.975 en el Mediterráneo, cuando el USS John F. Kennedy (CV-67) -ojo, que hablamos de un CV y no un Nimitz ni un Carl Vinson, así que suma lo que han podido evolucionar desde entonces- chocó con un el crucero USS Belknap (CG-26) matando a siete marineros de este último y obligándolo a pasar los siguientes cinco años en el dique seco para hacer las reparaciones necesarias antes de volver al servicio activo. Por su parte, el John F. Kennedy resultó con daños muy menores, situación que se repetiría, curiosamente, en 1976, cuando el USS Bordelon (DD/DDR-881) chocó con el John F. Kennedy terminando, como resultado, por ser dado de baja sin que el portaaviones se resintiese. En cualquier caso, para quien quiera cifras exactas, considero que para hundir de forma irremisible un CVN de las actuales clases Nimitz o Gerald R. Ford, harían falta como poco entre 5 y 7 impactos de misiles antibuque en zonas vitales del portaaviones, algo harto difícil de conseguir. En defintiva, me sigue pareciendo muy difícil hundir un CVN con una sola salva de misiles, y en ningún momento hemos considerado las acciones llevadas a cabo por las fuerzas de escolta y aviación embarcada, que son la base de la defensa de un CVN.

Resultado del choque entre el USS John F. Kennedy y el USS Belknap. Imagen del estado en el que quedó el USS Belknap
Resultado del choque entre el USS John F. Kennedy y el USS Belknap. Detalle del puente del crucero. Daños en el CV-67.

En resumen, lo que veremos en los próximos años por parte de Estados Unidos no es una contracción de su armada, sino una política dirigida a asegurar que la misma es capaz de asumir con garantías el reto de dominar los oceános como hasta ahora ha hecho. Algo que, por supuesto, pasa por aumentar en principio a 12, en lugar de los 11 actuales el número de CVF y, posiblemente en el medio plazo, por volver a fabricar portaaviones ligeros o de escolta que complementen a los mismos.

China

Con su segundo portaaviones, el Tipo 001A -en oposición al Liaoning (Tipo 001)-, a punto de ser finalizado y con fecha de entrada en servicio prevista para 2020, China está ya inmersa en la construcción de la que será su tercera unidad y, según apuntan algunos analistas, su primer supercarrier.

Si hasta ahora el pais asiático se había “conformado” con utilizar los planos y el casco del viejo Varyag soviético, aplicando todo lo aprendido en la fase de construcción de la primera unidad y durante el tiempo que lleva en servicio para mejorar -y como ellos dicen, humanizar- el segundo, todo indica que a partir de aquí los chinos se disponen a dar un nuevo salto y quemar a toda velocidad las etapas que les separan de su ansiado objetivo, que no es otro que lograr el equivalente nacional de los Nimitz estadounidenses. Objetivo por cierto que en su día persiguiera la extinta Unión Soviética con la construcción del Uliánovsk, parte de cuyas tecnologías podrían estar empleando los ingenieros chinos para alumbrar su primer CVN.
 

Portaaviones chino Tipo 001A. Se observan notables diferencias respecto a su hermano el Tipo 001 o Liaoning.

Es difícil saber a ciencia cierta qué es lo que pasa por las cabezas de los planificadores navales chinos. En diversos estudios se ha hecho referencia a un total de hasta seis portaaviones de diversas clases. En otros, se alude a que solo a partir del cuarto portaaviones se pondrán manos a la obra con la construcción de su primer supercarrier. Otros trabajos, por supuesto, son más negativos y ponen en tela de juicio la capacidad china, algo harto arriesgado toda vez que sus astilleros nos sorprenden día sí y día también con nuevas botaduras. Se les puede achacar -nosotros mismos lo hemos publicado- que parecen ser incapaces de lanzar largas series de una misma clase, algo parecido a lo que ocurre en Rusia, pero en ningún caso la capacidad y voluntad de cortar chapa a todo trapo y de lanzar navíos a cada cual más capaz que el anterior.

Nuestra previsión pasa por esos seis portaaviones de los que hemos hablado, repartidos en dos flotas y en tres clases diferentes. Es decir, dos portaaviones más pequeños, como el actual Liaoning, aunque en cada nuevo buque se incorporen modificaciones y mejoras de todo tipo y dos verdaderos CVN del orden de las 80.000 o 90.000 toneladas de desplazamiento, equiparables a los actuales Nimitz. De esta forma China se encontraría en una posición inmejorable para luchar por el dominio del mar en sus dos zonas de responsabilidad principales, a saber: El Mar de la China Oriental y el Mar de la China Meridional.
 

Portaaviones Liaoning, de la PLAN. Fuente: Southfront.org

Queda por saber, pues es muy poco lo que se conoce sobre la doctrina naval china, la forma en que se emplearían estas nuevas capacidades, aunque todo parece apuntar hacia la conformación de un grupo de proyección, compuesto por los numerosos LPDs que están construyendo y por los portaaviones tipo Liaoning como elementos de apoyo, protección y proyección del poder aeronaval sobre tierra por una parte. Por la otra, en torno a los CVN se conformarían Task Forces encargadas de disputar el dominio del mar a un posible adversario y de dar cobertura aérea al grueso de la flota. Además, si en el caso de EEUU hablábamos de que con la construcción de portaaviones ligeros los grandes portaaviones podrían concentrarse en tareas como operar multiplicadores del tipo de los E-2D, no podemos olvidar que en los últimos meses han sido muchas las noticias que apuntaban hacia un posible desarrollo chino en este ámbito, todavía por confirmar y denominado JZY-01. A este nuevo aparato se le ha podido ver en las últimas semanas en las instalaciones de Wuhan, destinadas al entrenamiento de las tripulaciones y a los test de interferencias electromagnéticas, lo que indica que el desarrollo está ya bastante avanzado…

Francia
La relación de Francia con los portaaviones arranca de tiempo atrás. No dudan, además, en hacer uso de ellos cuando la ocasión lo requiere y son ha sido poca, en este sentido, la actividad de su único portaaviones -el R-91 Charles de Gaulle– en los últimos años, desde Afganistán a Siria. Éste, que pese a sus 261 metros de eslora y sus casi 40.000 toneladas de desplazamiento, no es sino un portaaviones de tamaño medio, ha tenido numerosos problemas en sus primeros años y, en cierto modo, no ha servido más que para convencer a los planificadores galos de la necesidad de una segunda plataforma. Ni siquiera con su primera gran carena, entre 2007 y 2009 se lograron solucionar todos los problemas y, en cualquier caso, como resulta evidente también para el caso español, tener un solo portaaviones implica que las crisis más graves van a coincidir con el tiempo en que este no esté operativo.


Portaaviones Charles de Gaulle. Fuente;A quien corresponda

Con la intención de solucionar este problema, hace ya tiempo que nuestros vecinos y socios le dan vueltas a los posibles sustitutos de un Charles de Gaulle que, dicho sea de paso, entra ahora de nuevo a dique para pasar otra larga temporada de reformas que le permita afrontar con garantías la segunda mitad de su vida útil. Si bien durante años se habló de la posibilidad de dotarlo de un gemelo o, al menos, de un hermano en forma de PA2, finalmente esta idea se descartó en 2013, evitando subirse al carro británico de los Queen Elizabeth.

Ahora, en los 18 meses que el Charles de Gaulle va a estar en el dique seco, tendrán un tiempo suficiente para pensar en el relevo y, me atrevo a decir, la construcción de éste tendrá mucho que ver con la posibilidad de colocar el R-91 a un cliente extranjero como podría ser Brasil (que ha decidido dar de baja de aquí a tres años el A-12 Sao Paulo sin sustituto a la vista). Para Francia, muy implicada con ambos clientes, pero sobre todo con la gran potencia del Cono Sur, sería una operación redonda que le permitiría obtener una importante financiación, amén de aumentar la dependencia de Brasil respecto a la industria armamentística gala. Además, está el siempre interesante asunto de la propulsión nuclear, un tema en el que Brasil está más que interesado, como ya hemos explicado en esta web. En este sentido, el Charles de Gaulle sería una forma más de apuntalar las nacientes capacidades en cuanto a propulsión nuclear brasileñas y un gol por toda la escuadra de Francia, al afianzarse como uno de los principales exportadores de armamento con un hito histórico.
 

Imagen generada por ordenador de lo que pudo haber sido el PA-2 francés

Por cierto, que conviene comentar un hecho que suele pasar desapercibido al hablar de portaaviones -y en general de cualquier gran sistema naval- y que no es otro que el enorme presupuesto necesario para su mantenimiento. Si en el caso de Rusia hablábamos de más de 340 millones de dólares dedicados a la próxima gran carena del Almirante Kuznetsov –hay fuentes que sitúan ya esta cifra en el entorno de los 1.000 millones-, en la prensa francesa se puede leer que en la carena del R91 Charles de Gaulle se van a invertir 1.800 millones de euros, algo que nos debe ayudar a valorar en su justa medida el tipo de inversión que requiere un buque de este tipo, más allá de su construcción. A la vez, nos debe poner sobre aviso a la hora de juzgar los planes “grandiosos” que periódicamente aparecen en ciertos medios y que hablan de, por ejemplo, media docena de portaaviones para Rusia en el medio plazo o sin ir más lejos, cuando se pide que España construya un portaaviones para complementar al BPE L-61 Juan Carlos I.

Rusia

Hay muy poco que decir sobre el nuevo portaaviones ruso. Llegará, sin duda, aunque todo depende de las prioridades. Por de pronto están concentrados en eliminar los numerosos problemas que se han encontrado en el despliegue del Almirante Kuznetsov frente a las costas sirias, como el asunto un tanto embarazoso aunque en el fondo totalmente accesorio de la humareda que le acompaña y los contratiempos -estos sí más serios- con los cables de frenado.

A partir de ahí son todo especulaciones en torno al futuro portaaviones de la Armada Rusa… Que Rusia va a tener nuevos portaaviones en un futuro próximo parece obvio. Más de uno y menos de cuatro, para ser exactos. Se juega mucho en ello. De hecho, ya ha invertido dinero en renovar las instalaciones de construcción naval y en mejorar sus aviones susceptibles de ser embarcados en cantidad suficiente como para afirmar que ha llegado al punto de no retorno. Contará con portaaviones porque una vez aseguradas sus fronteras y resuelto el problema del Mar Negro con la anexión de la Península de Crimea, que le ofrece una base perfecta para proyectar su poder que hace innecesario el uso de portaaviones en la zona y por tanto irrelevante el Tratado de Montreux, lo que le queda es jugar a defender sus intereses más allá de sus fronteras. Poco más allá.

La realidad presupuestaria e industria rusa nos dice con rotundidad que no puede jugar en la misma liga que la US Navy. Probablemente ni siquiera que la Armada China. Su doctrina de apoyo a las fuerzas terrestres además nos indica que la prioridad va a seguir siendo la de controlar sus alrededores más que la de hacer de nada parecido a un “gendarme global”, pues son muchas las áreas del planeta, mal que les pese, en las que no tienen intereses.  Uniendo estos factores, tenemos que la herramienta que necesita es aquella que le permita proyectar su poder lo suficiente como hacer valer sus intereses en su área de influencia o, como en el caso de Siria, de sostener a un régimen amigo, luchar contra el terrorismo -en el caso ruso no hay demasiadas dobleces sobre el tema, pues lo han padecido durante dos décadas y se lo toman muy en serio- y en definitiva, mejorar su posición en este mundo multipolar en el que vivimos y en el que Rusia se afana por estar en el grupo de cabeza.

Hay un aspecto clave en todo esto por el que muchos autores pasan a pies juntillas: sostener a un régimen amigo. Acabamos de comentarlo y merece abundar un poco en la cuestión, pues una potencia, para serlo de verdad, ha de ser creíble. En el caso de Siria Rusia no solo ha demostrado que sus Fuerzas Armadas y su capacidad de proyección han mejorado notablemente desde 2008 -por no hablar de lo vivido en las sucesivas guerras de Chechenia- sino que ha demostrado que es un aliado fiable y eso, en términos de poder blando, no tiene precio. En el mundo diverso en el que vivimos hay muchos estados y facciones dentro de estos que siempre buscan un aliado para alcanzar el poder, para imponerse al vecino o por cualquier otro motivo. Saber que Rusia es una alternativa real le ha grajeado muchas simpatías y -cómo no- notables ingresos en ventas de armas.
 

Maqueta del Proyecto 23000E Shtorm

Muy posiblemente la clase de portaaviones que en el futuro adquiera Rusia no sea igual, pero tiene ideas interesantes como combinar el ski-jump con las catapultas o la isla dividida como en la clase. Además, el mejor indicativo de que Rusia está decidida a mejorar la VMF a su modo y a emplearla en el futuro como el arma política que es, es la gran cantidad de unidades de otros tipos que están en diversas fases de construcción, desde buques de apoyo logístico a submarinos de cometidos especiales y desde buques de desembarco a patrulleras árticas.

Los portaaviones, ahora que se tienen los medios para construirlos y sostenerlos en el campo de batalla, serían la herramienta definitiva para culminar un proyecto que si bien dista mucho del soñado entre otros por Gorshkov, adaptado a las particularidades rusas y a su realidad económica, puede suponer un serio competidor a las armadas occidentales. No quizá en una guerra abierta, a la que Rusia parece haber renunciado muy a pesar de las declaraciones subidas de tono que de cuando en cuando vierten sus líderes en los medios afines, pero sí en esa guerra encubierta a veces y siempre gris que es el día a día y en la que se están demostrando unos auténticos maestros.

Reino Unido

Una vez el Brexit ha pasado del terreno de las amenazas al de los hechos, el Reino Unido, navegando “en solitario”, necesita más que nunca de su Royal Navy y, muy especialmente, de la capacidad de proyección y control del espacio aeronaval que esta pueda ofrecerle. En este sentido, cuando el Queen Elizabeth entre definitivamente en servicio en mayo de este mismo año, se abrirá una nueva era, para una marina que, no lo olvidemos, fue la primera en utilizar verdaderos portaaviones en 1918 con el HMS Argus. Será una época marcada sin duda no por la plataforma, sino por el avión que operará; el F-35B, de los que se espera que cuenten, en condiciones normales, con 20 unidades, que podrán llegar a las 25 o 26 en condiciones excepcionales, a los que habrá que sumar los AW101 Merlin y las posibilidades, nada despreciables, en el terreno anfibio.

Este es un aspecto bastante desconocido de estos buques pero sin embargo, crucial. Han sido diseñados parapoder albergar hasta 250 Royal Marines, helicópteros de ataque WAH-64 Apache y AW-159 Wildcat e incluso helicópteros pesados Chinook lo que permitirá al Reino Unido intervenir allá donde sea necesario ahora que su capacidad de asalto anfibio está bajo mínimos con la baja prematura del HMS Ocean, quedando en exclusiva en manos de los dos buques de la clase Albion (2 unidades) hasta que el Queen Elizabeth entre en servicio y mientras el HMS Illustrious, último buque de la clase Invincible, está siendo desguazado en Turquía. Más allá de las rodomontadas, como la afirmación del diplomático británico Ken Darroch ante sus interlocutores estadounidenses sosteniendo que su país enviaría portaaviones al Mar de China y de los sueños de recuperar un papel de potencia global que jamás volverá, si nuestros amigos británicos son capaces de hacer un uso adecuado de sus nuevas capacidades -algo que no dudamos-, podrán seguir haciendo valer sus intereses allí en donde lo necesiten con absoluta independencia, en muchos casos, de socios o coaliciones. Algo que, por cierto, no todos podemos decir.


HMS Queen Elizabeth

Japón
El caso del país nipón es ciertamente particular, toda vez que ni tienen portaaviones, ni se les espera, o eso dicen ellos, empeñados en denominar destructores portahelicópteros tanto a las clases Hyuga como Izumo. Más allá de las etiquetas, lo único cierto es que están introduciendo en servicio una nueva clase de buques, los Izumo, que son verdaderos portaaviones encubiertos y que, con pocas modificaciones -esencialmente la incorporación de una ski-jump– podrían operar con total garantía los F-35B en un futuro próximo. Por el momento tienen en servicio el primero de ellos, a la espera de que se acepte para el servicio activo al segundo, bautizado como Kaga y ya construído o en las últimas fases de construcción previas a su alistamiento. De hecho, tan es así que son numerosos los artículos que podemos encontrar en internet aludiendo a “detalles” como la ausencia de cualquier tipo de armamento propio de un destructor en los Izumo, salvo el imprescindible Phalanx para su autodefensa. Algo que, unido al hecho de que pueda operar con hasta una treintena de aeronaves, a pesar de que inicialmente ha sido dotado con poco más de media docena es, como mínimo, sospechoso.
 

Destructor portahelicópteros de la Clase Izumo. Fuente: Defence.pk

La opción de adquirir el F-35B, por cierto, es algo que no se puede ni debe descartar a tenor de la situación en el Mar de Japón respecto a Corea del Norte, cada vez más díscola de la mano de Kim Jong-un y en el Mar de China Oriental, debido a la agresividad y política de hechos consumados seguida por el gobierno de la República Popular de China. Japón, como es bien sabido, es uno de los clientes del F-35A y, posiblemente, las dos única razones que le separan de la construcción de portaaviones “de pura cepa” son:
  • Históricas: Pues es bien sabido que, pese a los cambios que se están suciendo en los últimos años, Japón continúa considerando a sus Fuerzas de Autodefensa exactamente como eso, unas fuerzas pensadas para repeler agresiones en lugar de para proyectarse y, llegado el caso, agredir. Esto, por supuesto, no niega la posibilidad de practicar maniobras ofensivas como desembarcos, pero siempre como parte de una estrategia estrictamente defensiva. En este sentido, dotarse de portaaviones, que en su día fueron uno de los principales vehículos que permitieron al Imperio del Sol Naciente expandirse por el Pacífico, Asia y Oceanía, es un cambio de rumbo muy difícil de digerir para los propios japoneses… ¡por el momento!
  • Estratégico-Militares: Japón no tiene por ahora intención de dotarse de portaaviones porque, en realidad, ya cuentan con los portaaviones de Estados Unidos, en torno a cuyo apoyo han construído todo su entramado defensivo y porque las propias islas que conforman el archipiélago nipón son una magnífica plataforma para la aviación naval.
  • En cualquier caso, Japón es de los pocos estados que, sin disponer de auténticos portaaviones, tiene los recursos, el saber hacer, la experiencia y las instalaciones necesarias para construirlos en un periodo relativamente corto de tiempo, con lo que habrá que seguir muy de cerca la evolución de los acontecimientos, especialmente en estos tiempos de alianzas cambiantes.
Impresionante toma aérea en la que se puede comparar el tamaño de los “destructores portahelicópteros” japoneses con un portaaviones clase Nimitz. Fuente: US Navy.

India

Con la baja del INS Viraat (R22) el 6 de marzo de 2017 tras tres décadas de servicio, la Armada India se queda coja, a la espera de nuevas incorporaciones, pues únicamente puede contar con las capacidades del INS Vikramaditya, comisionado en 2014 después de un proceso de adaptación a las necesidades hindúes que supuso una pequeña odisea, dados los retrasos, los problemas de la industria naval rusa y el aumento reiterado de los costes. Estos costes, que son muy difíciles de cuantificar con exactitud, sin duda rondan la asombrosa cifra de 3.000 millones de dólares, lo que sitúa al viejo ex-Bakú, una vez reformado, en la órbita de precios de los muchísimo más modernos Queen Elizabeth británicos. Resulta a todas luces inexplicable, dada la relación entre ambos países, que no se optara por sumarse al proyecto CVF, por más que la historia de dicho proyecto también haya sido complicada



Así las cosas, la India opera actualmente un único portaaviones con capacidades bastante limitadas, mientras se centra en la construcción de sus primeros buques de éste tipo completamente autóctonos, en lo que será la futura clase Vikrant, un navío exteriormente muy similar al Vikramaditya, pero desarrollado con asistencia italiana y para el que, de hecho, incluso se renunció al acero ruso dados los problemas que la industria de este país tuvo para cumplir con las entregas, obligando a la India a construir fábricas ex profeso capaces de producir acero naval de alta calidad. Veremos si finalmente el Vikrant cumple con las altas expectativas que los planificadores navales hindúes han puesto en él cuando entre en servicio -si todo va bien- hacia 2018.

Una entrada en servicio que será curiosa de ver, dados los innumerables problemas que los hindúes están teniendo a la hora de encontrar un cazabombardero naval que se adapte a sus requisitos operativos, tema del que ya hemos hablado en alguna ocasión en nuestra web. Una vez la Armada India ha renunciado a la versión naval del HAL Tejas, queda por saber cuál será el aparato elegido para proyectar el poder aeronaval hindú desde las cubiertas del Vikrant y su gemelo, el INS Vishal, en la próxima década. No faltan los candidatos, aunque de entre todos ellos destacan tres nombres: MiG-29K, Rafale-M y SuperHornet pues, salvo sorpresa, las opciones del Gripen son menores. Dependerá posiblemente el resultado más de los condicionantes políticos que de las características de cada contendiente y la pelea se presume sangrienta, pues la cantidad mínima a adquirir se cifra en 57 unidades.

Cuando todo concluya, más allá de los inevitables retrasos, pues la determinación hindú es firme, su armada contará con dos portaaviones modernos sobre los que formar sendos grupos navales, con lo que se convertirá sin duda en la gran potencia del Índico, abriendo de paso un nuevo frente con una China. Uno más en la difícil relación entre ambas potencias que podría complicarse, toda vez que China no está dispuesta a cesar en su empeño de extender su influencia naval hasta el mismísimo Estrecho de Malaca, zona vital de paso para todos los buques que cruzan desde el Mar de la China Meridional hacia el Golfo de Bengala. Así las cosas, cuando los nuevos portaaviones entren en servicio, la capacidad aeronaval hindú será un elemento a tener en cuenta a la hora de hacer un correcto balance de fuerzas en la región. Respecto a lo que es -o será- en sí el IND Vikrant, poco hay que decir. Los datos básicos son de sobra conocidos: operará hasta 36 aeronaves, sumando las de ala fija y rotatoria, desplazará del orden de 40.000 toneladas, contará con una eslora de 262 metros y una manga de 80 y estará propulsado por 4 turbinas de gas General Electric.

Capítulo aparte merece lo que durante mucho tiempo se consideraba que sería su gemelo, el INS Vishal y que, si los rumores son ciertos, será un buque CATOBAR de mucho mayor porte, posiblemente de propulsión nuclear y capaz de superar la barrera del medio centenar de aeronaves. Teniendo en cuenta que el coste del INS Vikrant se ha ido ya por encima de los 2.900 millones de dólares sin contar con el ala embarcada o el armamento, asusta pensar en la inversión que pueda suponer éste proyecto, si finalmente se lleva a cabo. Algo que, dicho sea de paso, no parece amedrentar a los hindúes que, de hecho, están pensando en complementar sus portaaviones con hasta 4 nuevos buques de guerra anfibia del tipo de nuestro BPE Juan Carlos I que, con sus más de 20.000 toneladas de desplazamiento y desarrollados con la ayuda de un socio externo, prometen multiplicar la capacidad de proyección hindú. Algo que no está de más si se pretende luchar de tú a tú con los otros gallos de la región, en una guerra que se presume se llevará a cabo en los numerosos archipiélagos que la jalonan


El lector ha de tener en cuenta que el Oceano Índico, quizá en mayor medida que otros escenarios, es un teatro de operaciones en el que, por definición, se debe poseer una importante capacidad de proyección de fuerza naval y aérea si lo que se pretende es ser una nación dominante. La India lo tiene muy claro y pretende dejar su pabellón bien alto en este escenario. Lo hace, además, sabiendo que sus rivales chinos cuentan con el gran handicap de tener que desplegar sus unidades desde bases y que únicamente cuentan por el momento con portaaviones de patas cortas -puesto que no disponen de la autonomía y capacidad de persistencia en el teatro de operaciones de, por ejemplo, los CVN de la US Navy-.

En un tiempo en el que China está moviéndose más que nunca para asentar su proyecto para una nueva Ruta de la Seda no solo en su variante terrestre, sino también naval a través del Índico, el papel de la India puede tornarse crucial. Para aquellos que piensan que China o la India no necesitan portaaviones y no entienden bien el énfasis puesto en este tipo de construcciones, cabe señalar que en el mismo oceáno actores como Francia, el Reino Unido o Estados Unidos cuentan con bases en Diego Garci, y Djibouti para las unidades desplegadas por la US Navy, la Royal Navy y la Marine Nationale.

Otros
Por supuesto, hay estados como Italia con el Cavour y el Giuseppe Garibaldi, Thailandia con el Chakri Naruebet, Australia con el HMAS Canberra o la propia España, una vez retirado del servicio el Príncipe de Asturias, con el BPE Juan Carlos I, que podrían incluirse en la lista de países propietarios de portaaviones con mayor o menor rigor, si bien no todos ellos son capaces de operar o disponen de aviones de ala fija embarcados.


Cavour 
HMAS Canberra

No obstante, consideramos que ninguno de ellos es relevante en este aspecto, aunque en un futuro próximo la situación puede cambiar notablemente, si como se espera Italia llega a incorporar una docena de F-35B a su flota y España hace lo propio con el Juan Carlos I.
 
Ejercicio de interoperabilidad entre el portaaviones ‘Juan Carlos I’ y el ‘Cavour’ de la Marina Italiana.

Además, cabe la posibilidad de que nuevos estados se unan a este selecto club en la próxima década. Así, Turquía ha seguido adelante en su intención de dotarse de un portaaeronaves similar a nuestro BPE y, de hecho, ya ha comenzado la construcción del que se denominará TCG Anadolu (L-408) en abril del pasado año, mientras que Egipto se ha hecho con los dos Mistral que Francia había comprometido en su día con Rusia y que, como consecuencia de las sanciones posteriores a la anexión de Crimea, necesitaban de una salida comercial. Como quiera que en ninguno de estos dos casos parece probable que vayan a disponer de F-35B, no puede considerarse que vayan a explotar su rol de portaaviones sino que, por el contrario, se centrarán únicamente en su faceta de portahelicópteros. (Jesús.R.G.)
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