jueves, 11 de agosto de 2016

Alemania quiere volver a ser una gran potencia militar.


Foto: Miembros del 371º batallón de infantería armada del ejército alemán durante unas maniobras en Marienberg, en abril de 2015. (Reuters)

Alemania quiere llegar a ser, en el ámbito militar, una potencia global comparable a la que ya es en el terreno económico. Y está dando pasos decididos en esa dirección. Al principio, de forma tímida, mínima; pero ya cada vez con menos tapujos y de una manera progresivamente más contundente, pública y consciente. El conflicto en Ucrania, la guerra civil en Siria, la crisis de los refugiados y la irrupción del terrorismo yihadista en su territorio han hecho despertar definitivamente al realismo político a este país durante décadas reacio a emplear la fuerza. Angela Merkel acaba de desvelar su objetivo. En un reciente encuentro de su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU), la canciller apostó por elevar de forma notable el gasto militar en los próximos años. 

No puede ser, argumentó, que Estados Unidos emplee en defensa el 3,4% de su producto interior bruto (PIB) y que Alemania gaste apenas un 1,2%. Esas dos tasas deben ir "convergiendo" en los próximos años, enfatizó, mientras acercaba elocuentemente las palmas enfrentadas de sus manos. Dio a entender, además, que lo que tenía en mente iba más allá del 2% del PIB en gasto militar que la OTAN exige a sus miembros (y que en la actualidad apenas cinco cumplen). Merkel quiere que su país deje de ser un segundón en el ámbito de la seguridad. Pese a su preeminencia económica (cuarta potencia por PIB; tercera por exportaciones) y a su creciente influencia política, especialmente notoria en Europa, Alemania ocupa un puesto relativamente discreto en el ámbito militar. El presupuesto de la Bundeswehr, el ejército, es el noveno mayor del mundo, entre Japón y Corea del Sur, según los últimos datos publicados por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI). 

Además, su ejército ocupa el puesto vigésimo octavo por número de efectivos, entre Marruecos y Afganistán. Por último, Alemania se sitúa en el puesto décimo octavo del Índice de Fuerza Militar elaborado por Credit Suisse, que incluye las 20 mayores potencias militares, superando la mayor economía europea tan solo a Indonesia y Canadá. La ampliación de la Bundeswehr ya está perfilada. La reforma de la pasada legislatura, que planeaba reducir de forma significativa el número de efectivos, está más que enterrada. La actual ministra de Defensa, la cristianodemócrata Ursula von der Leyen, ya ha anunciado en los últimos meses sus planes para abrir nuevas plazas en las fuerzas armadas y dotarlas de más recursos. En abril, arrancó la puesta en marcha de una nueva unidad de defensa cibernética que, cuando esté a pleno rendimiento en un par de años, contará con unos 13.500 empleados, entre militares y civiles. En mayo, Von der Leyen avanzó que aspira a ampliar en 7.000 soldados, o un 4%, el grueso del ejército.
"Un giro de 180 grados"
La ministra de Defensa, una persona cercana a la canciller y figura ascendente en la CDU, ha señalado asimismo que para el año que viene el presupuesto del ejército se incrementará en cerca de un 15% con respecto a este ejercicio, hasta los 39.200 millones de euros. Y que su objetivo es invertir unos 130.000 millones en equipamiento militar en los próximos 15 años, una cantidad que duplica la previsión precedente de Defensa. "El ejército tiene que modernizarse en todos los aspectos", subrayó Von der Leyen para justificar su iniciativa. Sus planes, explicó la ministra, son un "punto de inflexión" para las fuerzas armadas y pretenden dar carpetazo a un política de "permanentes recortes", que se inició con el fin de la Guerra Fría, cuando Alemania contaba con cerca de 600.000 soldados. El presidente de la Asociación del Ejército Alemán (DBwV), André Wüstner, cree que esta propuesta de modernización y ampliación supone "un giro de 180 grados" en la política militar alemana. Las mejoras que ahora se están diseñando, aducen en Berlín, servirán para que Alemania pueda asumir la parte de "responsabilidad" que le corresponde a nivel internacional en la resolución de conflictos. 

De alguna forma, la asunción de su mayoría de edad en el concierto de naciones, abandonando de una vez las faldas protectoras de Estados Unidos y el parapeto de las decisiones colectivas de la Unión Europea (UE). Los reparos del pasado, fruto del complejo que dejó en la república federal los estragos causados por el Tercer Reich, están paulatinamente desapareciendo y el país emerge de forma cada vez más clara como un referente en el teatro global, tanto a nivel político como militar. También influye en el golpe de timón germano la situación de sus tradicionales aliados. Con Washington pivotando hacia Asia -y preocupado por el desafío de China- y Francia en una situación de extrema debilidad política y económica, Berlín ha comprendido que si quiere algo, tendrá que hacerlo sí misma. Que no puede depender de terceros para defender sus intereses. En este sentido, Merkel aseguró el pasado noviembre que su Gobierno estudiará un mayor "compromiso" militar allí donde "sea necesario" y que este tipo de intervenciones no se descartarán "a priori", frente a lo que era una reacción habitual hasta entonces.
Irak, Siria... y la amenaza rusa
No es que hasta ahora Alemania se hubiese mantenido al margen de los conflictos más allá de sus fronteras. La Bundeswehr ha contribuido desde 1955 con medios humanos y materiales a 39 misiones militares internacionales. De Kosovo a Afganistán, pasando por Líbano, Camboya, Somalia, Timor Oriental, el Sáhara Occidental, Sudán y Mali. Además, ha participado en las operaciones europeas en el Mediterráneo y en la iniciativa internacional contra los piratas en el Cuerno de África. Pero, salvo excepciones como la de las guerras en la antigua Yugoslavia, su papel era más bien discreto. Lo que ahora se pretende es dar un salto cualitativo. Los últimos movimientos de la Bundeswehr sirven de ejemplo. El ejército alemán ha comenzado a formar a los 'peshmerga', los soldados kurdos que combaten al Estado Islámico en el noreste de Irak, con 150 instructores militares. Además, ha armado a esta milicia enviándola en el último año y medio fusiles de asalto, pistolas, misiles antitanque, lanzacohetes antitanque, pistolas de bengalas y ametralladoras por un valor agregado cercano a los 100 millones de euros. 

Esta última decisión fue especialmente polémica, ya que la exportación de armas a lugares en conflicto está prohibida en Alemania. Además, la canciller se ofreció rápidamente a apoyar a Francia en su lucha contra el yihadismo internacional tras los atentados de París del pasado 13 de noviembre, en los que murieron al menos 130 personas. En los días posteriores a la tragedia, el Gobierno alemán anunció el envío de 650 soldados más a Mali (donde ya había desplazado a 200) para descargar allí al ejército galo. Asimismo, y lo que es más importante, Merkel consiguió que el Bundestag apoyase una misión de apoyo militar a las fuerzas internacionales que luchan contra el Estado Islámico en Siria. A este fin, destinó seis cazas de reconocimiento, una nave nodriza para el reabastecimiento en el aire de los aviones de guerra aliados y una fragata para escoltar al portaaviones francés 'Charles de Gaulle', estacionado frente a la costa siria. 

La operación, para la que se han destinado hasta 1.200 soldados, supondrá 134 millones a Alemania solo este año. De igual manera, Berlín se ha mojado militarmente frente a lo que en la OTAN se denomina la creciente amenaza de Moscú, a raíz de la anexión de Crimea y del conflicto híbrido que dirige a distancia en el este de Ucrania. En la reciente cumbre de la Alianza Atlántica en Varsovia, Alemania se comprometió a liderar uno de los cuatro batallones multinacionales que se van a desplegar en los países miembros más próximos a Rusia, los tres bálticos y Polonia. En concreto, el Gobierno de Merkel ha ofrecido comandar con un millar de soldados el nuevo destacamento reforzado de la OTAN en Lituania. Y eso que Berlín ha sido una de las capitales occidentales que más han abogado por no romper todas las líneas de comunicación con Moscú. (Jesús.R.G.)

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