Hacia una nuclearización a escala mundial. Supuestos de un Brasil nuclear.


Los Estados sudamericanos gozan de un estatus compartido de seguridad mutua. En los últimos años, los avances políticos diplomáticos y las relaciones bilaterales de estos actores configuraron a la región como una sin conflictos interestatales. El último antecedente de conflicto que escaló en una guerra entre dos países sudamericanos fue la Guerra del Pacífico que se dió entre Chile,Bolivia y Perú en los años 1879 hasta 1883. Con respecto a un despliegue de tropas por la amenaza de un homólogo se advirtió en el conflicto de Cenepa entre Ecuador y Perú en 1994 y 1995. Tal como expone Domínguez (2003) para los estándares internacionales, las Américas estuvieron bastante libres de guerras durante el siglo XX. 
 
En su mayor parte los latinoamericanos no temen agresiones de sus vecinos. No esperan que sus países entren en guerra entre sí y se sorprenden cuando estalla violencia interestatal en la frontera. En números del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el porcentaje del PBI destinado a la Defensa en el conjunto de la región recae en 1.5% del mismo. Esto remarca la noción de que el continente sudamericano no está armado para conflictos y no se prevé un estallido. Claro está que se puede sacar de esta generalización el caso colombiano que por las existencias de las guerrillas y el conflicto armado con las mismas encaró un plan de adquisiciones y desarrollos para modernizar y fortalecer la defensa del Estado. Tomando el concepto crucial para comprender como un Estado se percibe con el otro, se establece como funciona el sistema disuasorio de los Estados. 
 
La disuasión en Sudamérica se forma por un conjunto de componentes económicos, políticos y diplomáticos que forjan e infieren en las relaciones interestatales, sin mencionar el posicionamiento que tienen los Estados respecto a los grandes poderes que marcan y orientan el accionar de los mismos en la cuestión estratégica cuando refiere la salvaguarda de las naciones. En los últimos años se puede evidenciar la existencia de estrategias de modernización de los Instrumentos Militares de los Estados más prominentes de la región. En este proceso se comenzó a ver con preocupación la incursión y el desarrollo de los submarinos nucleares en Brasil. Riachuelo, fue la denominación del primer modelo colocado en el mar el 14 de Diciembre de 2018. Este dispositivo lanzado en el contexto del PROSUB (un acuerdo firmado en 2008, de transferencia y cooperación francesa-brasileña), le permite a la Marina brasilera tener la capacidad de desarrollar sus propios modelos submarinos y con respecto a la inclusión de la tecnología nuclear. 
 
El PROSUB se basa en un plan de 4 submarinos convencionales y un quinto de propulsión nuclear. Este último pone en evidencia un vasto programa nuclear Estatal que permite obtener distintas ventajas comparativas con respecto al desarrollo de capacidades disuasorias en el mar. Brasil puede ostentar de un Programa Nuclear altamente desarrollado, ya que cuenta con el control del ciclo de Uranio completo. A su vez, el Estado brasileño posee grandes depósitos de material fisible como el uranio, grafeno y niobio (materiales utilizados en la industria nuclear). Además alberga dos plantas de energía atómica operativas, Angra I y Angra II. El desarrollo de un programa nuclear que abarque la propulsión submarina se remonta a 1980, cuando la Marina recibió el apoyo del Consejo Nacional de Seguridad y pudo inaugurar su primera centrífuga de gas capaz de enriquecer uranio y en 1988, inauguró su primera cascada de centrífugas. Esto le permitió avanzar en la producción de material fisible necesario para dicho proyecto. 
 
A partir de los años 90’ hasta el 2007, el programa de los submarinos nucleares brasileros sufrió reveses políticos y cambios de gestión en el cual hubo vaivenes en el cual el proyecto varió y navegó por distintas agencias estatales para terminar casi en el olvido y la Marina logró mantenerlo con el presupuesto mínimo. El proyecto saldría a flote cuando el presidente Lula da Silva estableció como prioridad estatal la producción de uranio a escala industrial y propulsó de vuelta el desarrollo de los submarinos nucleares. En paralelo, se estableció la institucionalización del programa de la Estrategia Nacional de Defensa de Brasil. Este fue un paso importante para transformar un programa naval en un programa estratégico estatal para la defensa y el desarrollo de Brasil. Con dicha institucionalización se le volvió a inyectar fondos para el mantenimiento y la producción de distintos proyectos que la Marina ansiaba reanudar, entre estos proyectos se destaca la producción de los prototipos nucleares para la vigilancia del extenso mar brasileño. 
 
Desde que Bolsonaro es presidente de Brasil, se le buscó dar mayor preponderancia al rol de los militares en la cotidianidad del Estado. En ese sentido la Marina de Brasil vió con buenos ojos la incorporación de ex militares provenientes de distintas fuerzas a la administración presidencial. En este camino se busca propulsar distintos proyectos como, por ejemplo, el PROSUB. Se le dá mayor relevancia al desarrollo de submarinos nucleares por parte de Brasil ya que sería el primer caso en el cual un país que no alberga armas nucleares apuesta por dicho desarrollo. Los mismos causan preocupación debido a la definición de “fines pacíficos”, la cual comienza a prestar una laxitud en su aplicabilidad. Tal como establece el artículo 21 de la Constitución Nacional de Brasil: “se permite las actividades nucleares con fines pacíficos”, pero no aclara la incorporación y el desarrollo de la tecnología submarina nuclear. 
 
En el plano internacional, Brasil se posiciona como un actor relevante y comprometido con establecer un régimen nuclear para evitar la proliferación nuclear. Si Brasil se volcara a producir tecnología nuclear de uso dual se encontraría con los distintos acuerdos y tratados que ha firmado en el pasado, ya que es miembro del TNP (Tratado de no Proliferación Nuclear), se encuentra incluido en el Grupo de Suministradores Nucleares, es parte firmante del Tratado para la prohibición de armas nucleares en América Latina y el Caribe (Tratado de Tlatelolco) y fue protagonista en la promoción de la firma del Tratado de la provisión de armas nucleares de 2017. Con respecto a la relación bilateral con Argentina, en 1991 se firmó un acuerdo bilateral para utilizar la energía nuclear únicamente con fines pacíficos, desde ese momento se creó la agencia brasileño-argentina de contabilidad y control de materiales nucleares (ABACC). 
 
En este pacto se incluyó a la OIEA para establecer salvaguardias de alcance total en los países. Se debe tomar relevancia a un aspecto clave dentro de todas las obligaciones adquiridas por parte de Brasil, ya que se negó a firmar el Protocolo Adicional de la OIEA. Dicho protocolo prevé una amplia variedad de controles e investigaciones sin previo aviso por parte de la Organización, se le negó el libre acceso a todo el Programa Nuclear brasileño alegando que no se adoptará una medida adicional mientras que los poseedores de armas nucleares no muestran verdaderos indicios para el desarme. Desde ese entonces, se tiene preocupación de los avances en materia nuclear del país. El hecho de que se abra el debate de un supuesto Brasil poseedor de tecnología nuclear de uso dual, implicaría ir en contra de todo un régimen internacional de salvaguarda que protege a los Estados ante la proliferación nuclear. En un sistema donde prima el Dilema de Seguridad, la incorporación de un activo defensivo de un vecino estatal implicaría de forma natural una desventaja en la construcción de la Defensa Nacional. 
 
Si bien hay todo un sistema de pesos y contrapesos políticos que integran la estabilidad de la seguridad regional, se mira con atención los avances del PROSUB y de las innovaciones en materia defensiva del Estado brasileño. No se debe pecar ni caer en supuestos retóricos que no impliquen una visión compartida de la Defensa y no se debe dejar de establecer mecanismos para mantener “a raya” dichos avances. Los avances en la incorporación de nuevos activos en la protección estatal pone en vilo a los analistas internacionales y debería alertar a la cúpula dirigencial de los Estados de la región, ya que una zona pacífica no puede ser escenario de una carrera por la búsqueda de herramientas defensivas que se traducen en amenazas para los demás miembros del continente. En un Sistema Internacional donde las identidades son difusas y el acceso a la información y estrategias se niegan, los Estados deberían embarcarse en fortalecer la predictibilidad en pos de la estabilidad regional. 
 
La energía nuclear contiene un fino límite en la concepción de su utilización. En ese sentido no se debe caer en principios ideológicos en el cual se establece que todo avance es negativo para la integridad de los Estados, sino que se debe cooperar en un sistema común para no encontrarse sorpresas en los procesos de los distintos actores del Sistema. El replanteamiento nuclear busca poner en las primeras planas un supuesto de que cada Estado puede obtener la capacidad de autosuficiencia y en la región sudamericana se debe tener atención a no romper el equilibrio que gozan los Estados y la predictibilidad que se toma como noción en la relación entre las naciones y sus gobernantes. 
 
Fuente: https://www.zona-militar.com/
 
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