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sábado, 15 de octubre de 2016

Los cuatro grandes de la UE apuestan por una defensa común con “autonomía estratégica”.


Los ministros de Defensa de los cuatro grandes de la UE tras la fuga del Reino Unido (Francia, Alemania, Italia y España) han enviado una carta a sus 24 homólogos en la que proponen un paquete de medidas para “revitalizar” la defensa europea y hacerla “más fuerte, realista y creíble”, dotando de “autonomía estratégica” a la Unión, “en el terreno operacional e industrial”. La carta, remitida esta misma semana a las distintas capitales y a la que ha tenido acceso EL PAÍS, desarrolla la idea lanzada por el presidente francés, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel, —y respaldada el pasado día 16 en Bratislava (Eslovaquia) por los mandatarios de los 27 (todos, menos Reino Unido)— de que la mejor respuesta a la crisis del Brexit es un salto adelante en la construcción de la defensa y seguridad europea.
La salida británica priva a la UE de su mayor potencia militar, pero también elimina el principal obstáculo que había impedido hasta ahora hacer la defensa europea “más eficaz, capaz y compacta”. Incluso tras la victoria del Brexit, Londres ha seguido torpedeando cualquier avance en esa dirección. “Nos opondremos a toda idea de un ejército europeo o un cuartel general que socavan a la OTAN”, dijo el pasado día 27 en Bratislava el secretario de Defensa británico, Michael Fallon. La principal novedad de la misiva radica, precisamente, en que refleja la voluntad política de estos cuatro países de poner ya en marcha unas medidas largamente aplazadas y no admitir más demoras. “Preferiríamos aplicar estas propuestas a 28 o, respetando la decisión del Brexit, a 27”, dicen los ministros, “pero deberíamos considerar una PESCO (Cooperación Reforzada Permanente) como instrumento para avanzar por parte de aquellos países deseosos de dar pasos más sólidos”. Es decir: si es necesario están dispuestos a aplicar el mecanismo del Tratado de la Unión que permite a los socios que voluntariamente quieran poner en marcha una política común aunque no les siga el resto.
Los cuatro ministros intentan disipar recelos y aseguran que no habrá tropas de la UE y que la defensa europea se basará en las fuerzas aportadas por los distintos estados. “Para ser claros: un Ejército europeo no es nuestro objetivo”, declaran, desmintiendo uno de los fantasmas agitados durante la campaña del Brexit. De igual modo, rechazan que se trate de debilitar a la OTAN y apuestan, al contrario, por reforzar la cooperación entre ambas organizaciones evitando duplicidades y buscando un reparto de cargas más equilibrado. “Una OTAN más fuerte necesita una Política Europea de Seguridad y Defensa reforzada para complementar sus esfuerzos”, alegan. Recuerdan que la UE ya ha intervenido en zonas donde la OTAN no se plantea hacerlo, como Mali y Somalia, y subraya la necesidad de mejorar la capacidad europea de evaluar de forma autónoma su entorno de seguridad y lanzar operaciones militares en todo el espectro, desde las de baja hasta alta intensidad.

Aunque la carta no cita expresamente la creación de un cuartel general europeo, apuntan en esa dirección cuando subrayan la necesidad de contar con “una capacidad eficiente para planear y conducir misiones y operaciones CSDP (Política Común de Seguridad y Defensa), así como [con] robustos mecanismos financieros para apoyarlas”. El Estado Mayor europeo estaría integrado en las estructuras de gestión de crisis en Bruselas y bajo el control político de los embajadores permanentes, aunque preservando siempre la cadena de mando militar, lo que permitiría aprovechar la “capacidad única de la UE” para proporcionar instrumentos civiles y militares en su tratamiento integral a un conflicto. Considera, además, “esencial” para asegurar el impulso político al proyecto que la UE trate regularmente estos asuntos y “razonable” que se cree un Consejo de Ministros de Defensa europeos, para que sus titulares no se tengan que reunir, como hasta ahora, bajo el paraguas del Consejo de Asuntos Exteriores.
Al mismo tiempo, apuesta por “consolidar una base tecnológica e industrial europea de Defensa capaz de gestionar tecnologías clave, de proveer las necesarias capacidades militares en el futuro y de reforzar nuestra autonomía de decisión”. Para ello, propone desarrollar incentivos financieros que promuevan la innovación, la investigación y la inversión conjunta en Defensa. A un nivel más modesto, pero en la línea de ir creando estructuras comunes, avanza dos medidas concretas: la creación de un Mando Médico Europeo que coordine servicios sanitarios nacionales; y de un futuro centro logístico de la UE. La propuesta de defensa europea, basada en los documentos franco-germanos e italianos, “con aportaciones españolas”, asegura que esta debe estar abierta a las contribuciones de socios de la OTAN que no pertenecen a la UE, “incluyendo en el futuro las que el Reino Unido quiera ofrecer”. Pero ya sin poder para cambiar el rumbo o frenar la marcha del proyecto. (Jesús.R.G.)

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