Clinton y Trump anticipan diferentes escenarios para Oriente Medio

Cualquiera sea el elegido Presidente de los Estados Unidos el 8 de noviembre, él o ella aterrizarán en medio de un gran desorden en política exterior y se enfrentarán a la urgente necesidad de reconstruir los límites y las líneas rojas de Estados Unidos en la mayor parte del mundo, incluso y sobre todo en Oriente Medio abrumado por la guerra y el desorden. La candidata demócrata y su rival republicano Donald Trump, cuyos planteamientos son tan diferentes desde todos los ángulos, descubrirán tanto uno como otro que es imposible aislar a Estados Unidos de todos los acontecimientos en Oriente Medio.
Los expertos en inteligencia militar de DEBKAfile postulan evoluciones divergentes, en función de los resultados alternativos de la elección presidencial del 8 de noviembre, según sea el ganador:

Si es Hillary Clinton, entonces…
Rusia profundizará su expansión en la región, empezando por Siria e Irak. Las unidades navales rusas que avanzn hasta el Mediterráneo por el momento, son parte del creciente poder del despliegue de Moscú en caso de asistir a la entrada de Clinton en la Casa Blanca.  

Vladimir Putin no perdonará en el corto plazo los trucos de la campaña anti-rusa de la candidata demócrata, para mostrar a Donald Trump como su amigo e insinuaciones diciendo que la inteligencia rusa ha hackeado los correos electrónicos de los demócratas para girar la carrera presidencial en su contra. El líder ruso no es del tipo que perdone cuando se trata de su reputación – y menos aún cuando la inteligencia rusa, su alma mater (su matriz) es acusada (justa o injustamente). Debemos esperar que las altas tensiones prevalecen entre el Kremlin y la Casa Blanca de Clinton y que podrían desencadenar una conflagración militar limitada entre las fuerzas estadounidenses y rusas en Oriente Medio. Los rebeldes sirios cuentan con Clinton para suministrarles armas y financiación – a diferencia de Barack Obama, y por lo tanto se sostienen tenazmente, a pesar de sus recursos inferiores contra las fuerzas sirias y pro-iraníes apoyadas por bombardeos rusos. 

Constatan que ella todavía se centra en sacar a Bashar Assad del poder e incluso más en la posibilidad de fortalecer a los rebeldes para impedir concepciones militares rusas para Siria. En esto, ella tendrá apoyo de amigos en los Emiratos del Golfo. Clinton se enfrenta a un dilema respecto a Irán: como co-autora del acuerdo nuclear, también tratará de mejorar las relaciones con Teherán. Pero, al hacerlo, corre el riesgo de alienar a sus buenos amigos en el Golfo, los líderes árabes del Golfo. Muy pronto descubrirá que los líderes y jefes militares iraníes no tienen intención de agradar a Washington, y ciertamente no a expensas de sus relaciones extremadamente rentables con Moscú y Pekín. Clinton tratará, sin duda, de reparar los daños en las relaciones entre los EE.UU. e Israel, durante el mandato de Obama.