El avión furtivo era entonces muy popular en el mundo. Y el orgullo de la industria de la aviación estadounidense, de un costo de cincuenta millones de dólares, fue abatido por un sistema antiaéreo serbio, que llevaba la marca Made in URSS . Dragan Matic fue el primero que presionó el botón de lanzamiento. Entonces contó al autor de estas líneas los detalles de esa operación: El 24 de marzo de 1999 abandonamos nuestra unidad militar y nos desplegamos en los alrededores de Belgrado. Los primeros tres días fueron de tranquilidad relativa. Trabajábamos en equipo, una tarea corriente que cumplíamos bajo la orden de nuestro jefe. Lo principal era no ser detectados por los radares de los AWACs, los que habitualmente escoltaban los aviones de la OTAN. Sobre todo los del tipo de los F117A. Nos encontrábamos junto a la aldea de Shitanovtzi. Nuestra brigada estaba de guardia el 27 de marzo, en los inicios del atardecer. Un colega del servicio de vigilancia informó de que se registraban interferencias considerables en el éter y la señal se aproximaba cada vez más a nuestras posiciones. Cinco minutos más tarde el servicio de  reconocimiento radial informó de que a nuestra unidad se acercaba un objetivo aéreo. 


Militar observar los restos del derrotado F-117. (Foto: ausairpower.net)
Militar observar los restos del derrotado F-117

Nuestro jefe miró atentamente la pantalla y recibió las indicaciones del servicio de radio. El objetivo volaba hasta nosotros, quienes lo habíamos detectado. Me fijé en la pantalla y vi la señal clara del objetivo. Comenzamos a seguirlo mientras se hacía cada vez más nítido. Di cuente al jefe que el objetivo estaba en la mira de nuestros equipos y estábamos preparados para abatirlo. Después de la orden de ¡Fuego!, diecisiete segundos más tarde  el avión fue alcanzado por nuestros cohetes. El primero arrancó el ala del “Steahl”, y el segundo lo destruyó. El piloto se catapultó mientras el avión iba a dar a tierra. Fue una ficción de los ingenieros y pilotos norteamericanos de que el F117A era invisible , digamos. Todas las tecnologías del “Steahl” garantizan su carácter sigiloso solo en el diapasón radial de alta frecuencia. Mientras que para los radares que trabajan en las frecuencias bajas es perfectamente detectable. De ahí que nosotros lo captáramos a cincuenta kilómetros de nosotros, y lo esperábamos cuando pasó cerca de nuestra unidad para destruirlo.

Es cierto que su señal de radiación es más débil que la de los aviones corrientes, aunque de toda manera aparece en las pantallas de los radares. Es posible que el piloto se equivocara, es posible que se extraviara, pero el caso fue que volaba a una altura de tan solo cinco mil metros y fue a dar a nuestro blanco. Nosotros derribamos la máquina más horrible y fantástica, el avión más secreto de la Fuerza Aérea de EEUU. El piloto que se catapultó se escondió en los bosques. Cinco horas después, un grupo de comandos voló en unos cuantos helicópteros y se lo llevó. Al día siguiente estaba ya en la base de Aviano, no lejos de Venecia. Cuando logramos esa vez derribar el avión cambiamos de inmediato de posición junto con nuestros sistemas de combate. Mientras más rápidamente cambias de dislocación, más posibilidades tiene la unidad de quedar con vida. Así obramos veinticuatro veces en los tres meses de la agresión de la OTAN encabezada por EEUU. Esa maniobra continua salvó a nuestra unidad. Nadie resultó herido siquiera, aunque nueve perecieron en nuestra brigada de defensa antiaérea.